Domingo, Diciembre 10, 2017

OPINION

Número cero
Partidocracia populista
José Buendía Hegewisch

MTI/ Excelsior/José Buendía Hegewisch
Publicada: Octubre 01, 2017

TEXCOCO.- El gobierno de los partidos se ve como cascarón vacío frente a la irrupción de las necesidades de víctimas y afectados por la emergencia. Una insegura partidocracia  recurre  a respuestas que ayuden a su imagen negativa, pero ineficaces para detener la irritación social y recuperar algo de la credibilidad para la reconstrucción. La mayor desconfianza de la ciudadanía ya roza el desconocimiento hacia la clase política  y se materializa en el reclamo de un fondo independiente para reconstruir el desastre en la CDMX y otros nueve estados.

La devastación de los terremotos del 7 y el 19 de septiembre reconfirmó lo que anunciaba la reprobación de la clase política en la opinión pública: la crisis de representatividad y el desgaste del modelo político electoral de los últimos 40 años. Pero la expresión más acabada ha sido su errática respuesta y la espiral de demagogia de las iniciativas que proponen para salvarse. En medio de la emergencia, pretenden reconocer la indudable fatiga por el derroche de recursos en las campañas y cambiar las fórmulas de la representación para evitar mayor sangría de votos en 2018, particularmente el PRI.

Ante el temor de que la emergencia agudice el repudio hacia ellos, el PRI y el Frente Ciudadano por México (PAN, PRD y MC) se vuelven a equivocar con iniciativas que pueden sonar a halago para ganar el favor popular, como renunciar al 100% del financiamiento público o eliminar plurinominales para destinar recursos a los damnificados, pero que en la práctica agudizan la distorsión del régimen de la reforma de 1996 del que surgió la partidocracia.

Pretenden discutir la representación política, un tema de fondo de la democracia, en clave de los ahorros para atender una coyuntura como los sismos; aunque no sin el cálculo populista que suele llevar a la degeneración de la democracia cuando se juntan con la demagogia para el solo fin de conservar el poder.

El PRI, por ejemplo, montado en la “ola” de la bajísima estima a los representantes populares ofrece cancelar los plurinominales con la justificación de generar ahorros por 11 mil 600 millones de pesos para la reconstrucción. Lo que no dice es que sin pluris lograría una representación en el Congreso que, por ejemplo, con la votación de 2015, le habría dado una mayoría de 53% de los curules que hoy no tiene para gobernar.

La otra propuesta con que los partidos tratan de lavar cara tendría igualmente repercusiones profundas en las formas de la representación política. La eliminación del financiamiento público no necesariamente significaría un recorte del dinero estatal a la política, y más bien podría “regularizar” el financiamiento opaco de recursos públicos de los gobiernos federal y estatales a las campañas y fortalecer el poder de los mandatarios locales; y por otro lado, dejar a los partidos de la oposición a merced de los grandes empresarios o del crimen organizado para competir en elecciones. Bien lo recordaba José Woldenberg, en América Latina, sólo en Venezuela no hay financiamiento público a  partidos.

Pocos dudan ya de la necesidad de revisar el esquema del excesivo dinero en la política y la  crisis de representatividad, pero las concesiones y halagos a sentimientos elementales de la ciudadanía para mantener el poder sólo conduce a subastar la política  y fortalecer las salidas populistas. Y sin que las propuestas de cara lavada consigan parar la molestia social y devolver credibilidad en la reconstrucción.

La reactividad de los partidos al reclamo profundo de cambio parece hablar de desesperación y de incapacidad de leer en las razones del hartazgo. La demanda de una comisión independiente para garantizar que los recursos lleguen a los damnificados se debe al temor a la corrupción, que otra vez se asoma en la tragedia. El manejo honesto y transparente del presupuesto para la reconstrucción es el motivo del malestar social con partidos y gobiernos, aunque con sus propuestas parecen querer otra vez dar gato por liebre.

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