Domingo, Enero 21, 2018

Gente

Agentes pastorales asesinados; el año negro en México

MTI/ Texcoco Mass Media/M. Tomás Reyes
Publicada: Diciembre 30, 2014

Frans van der Lugt, el jesuita asesinado en Homs. REUTERS//VATICAN//TEXCOCO HOY

Ciudad del Vaticano, Vaticano.- (Texcoco Press).- La zona del planeta en la que fueron asesinados más agentes pastorales católicos no es Medio Oriente, atormentado por los yihadistas, sino la “católica” América Latina. El país en donde mataron a más sacerdotes y seminaristas no es Paquistán o Arabia Saudita, tampoco Nigeria o Irak, que afrontan la barbarie de las milicias sectarias, sino México, en donde viven más de 100 millones de católicos bautizados. Los datos anuales sobre los agentes pastorales asesinados, publicados con toda autoridad cada fin de año por la Agencia Fides, desmienten con los números algunos “clichés” que circulan en los medios de comunicación masivos sobre la violencia que sufren los cristianos en diferentes zonas del mundo.

En 2014, indica la Agencia Fides, órgano de las Pontificias Obras Misioneras, fueron asesinados en todo el planeta 26 agentes pastorales, tres más con respecto a 2013. En la lista de los agentes pastorales que perdieron la vida violentamente hay 17 sacerdotes, un religioso, 6 religiosas, un seminarista y un laico. Por sexto año consecutivo, el mayor número de agentes pastorales católicos asesinados se registró en el continente americano (14), seguido por África (7), Asia y Oceanía (2 respectivamente) y Europa (uno). Pero considerando en el detalle cada uno de los países, después del primer lugar que ocupa México (marcado por los homicidios de 4 sacerdotes y un seminarista), están Venezuela y Burundi, ambos con tres víctimas. La mayor parte de los agentes asesinados perdió la vida en intentos de robo o en agresiones feroces. «Ninguno de ellos», subraya la Fides, «llevó a cabo acciones o gestos clamorosos», sino que vivió humildemente el compromiso cotidiano de ofrecer testimonio de Cristo y su Evangelio en situaciones a menudo complejas y de degrado: «Algunos fueron asesinados por las mismas personas a las que ayudaban. Otros abrieron la puerta a quien pedía ayuda y fueron agredidos».

Dejando la frialdad de los datos estadísticos, la Fides ofrece también breves perfiles sobre las vidas de cada uno de los nombres que aparecen en la lista. De esta manera, a lo largo de las páginas del informe de la Fides surgen detalles elocuentes que narran la ordinaria y oculta belleza de vidas destrozadas mientras se ofrecían cada día para servir a sus hermanos. Todo por amor a Cristo. Historias como las de Lazzaro Longobardi, el párroco de Síbari, único asesinado en Europa, asesinado por uno de los miles de migrantes a los que había oferecido ayuda con su incansable trabajo pastoral: un chico al que el sacerdote había regañado por «haber robado dinero incluso de la cajita para las limosnas, aunque nunca lo denunció, esperando que se arrepinetiera». En el elenco de la Fides se recuerda también la historia del jesuita holandés Frans van der Lugt, que vivía en la torturada ciudad siria de Homs y que se negó a abandonar su hogar, que se encontraba en una de las zonas que entonces controlaban los rebeldes anti-Assad bajo el asesio gubernamental. El religioso, asesinado en circunstancias poco claras por hombres armados que nunca fueron identificados, había puesto en marcha en la ciudad de Homs (desde la década de los 80 del siglo pasado) un centro de espiritualidad, a las afueras de la ciudad, que acogía a alrededor de 40 chicos con discapacidades de las aldeas de los alrededores.

Entre los agentes pastorales asesinados en África se recuerdan las tres misioneras javierianas italianas (sor Lucia Pulici, sor Olga Raschietti y sor Bernadetta Bogian), que habían ofrecido sus vidas para ayudar a la población de Burundi y que fueron masacradas en septiembre por un joven que las acusaba de habitar en un convento que había sido construido en un terreno que pertenecía a su familia.

Cierra cronológicamente la lista de los testimonios de la fe y de la caridad asesinados de forma brutal en 2014 el caso del sacerdote mexicano Gregorio “Goyito” López Gorostieta, secuestrado en el seminario de Ciudad Altamirano y cuyo cuerpo fue encontrado sin vida el 25 de diciembre cerca de la ciudad de Colonia Juárez, en la región de Tierra Caliente del estado de Guerrero, que debe soportar cotidianamente la violencia de las bandas de criminales vinculadas con el narcotráfico.

El informe de la Fides no dejó de indicar que algunos agentes pastorales fueron asesinados no por otros hombres, sino «por el virus del Ébola, que está provocando miles de víctimas en el África occidental». Se expresa, además, la constante preocupación por la «suerte de otros agentes pastorales secuestrados o desaparecidos y de quienes no se tienen noticias», como los tres sacerdotes congoleños agustinianos de la Asunción (secuestrados en el norte de Kivu en octubre de 2012), el jesuita italiano Paolo Dall’Oglio (secuestrado en Siria en julio de 2013) y el padre Alexis Prem Kumar (secuestrado el 2 de junio de 2014 en Herat, Afganistán).

El informe de la Fides

VATICAN/GIANNI VALENTE/TEXCOCO

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