Lunes, Marzo 27, 2017

OPINION

Texcoco De mis andanzas
Barrio bajo, barrio nuevo
Esther Mendieta V.

MTI/ Texcoco Mass Media/Esther Mendieta V.
Publicada: Diciembre 16, 2014

¿Qué me cobras por un cuartito de hora?
Mañana en la batalla piensa en mi
Javier Marías

Texcoco, México.- (Texcoco Press).- Los jóvenes se ha quedado sin un alto referente en la política local. Les sucede lo que a mucho puberto, que su referente son los narcos, los pandilleros, la escoria que puebla las calles de los barrios altos de las ciudades marcadas por el abuso, la violencia, el crimen y los antivalores de cualquier sociedad de nuestra civilización occidental.

La generación de violencia en las escuelas, atiende más que a la moda del llamado Bullying, a la transculturización de la sociedad a través de los programas de televisión cargados de escenas donde los malos tienen dinero y donde los honrados gritan, pero nadie los escucha. La ley del más fuerte es la que impera, siempre arrebañado, porque en su soledad, en su fuero interno sabe que es el más débil, el psicópata que muestra un decorado de fuerza, pero percibe por sus poros que está hueco. Un día ni el dinero le habrá de servir. Los pubertos crecen con esa mentalidad.

Buscar poder, lo que es poder, está reservado a pocos. Los del barrio bajo, lo saben. El poderoso no es el que tiene la mirada puesta en el dinero, sino el que utiliza la inteligencia para generar oportunidades de desarrollo a los demás; el que hace crecer su vida personal en el mundo de las ideas. El poderoso, como escribió Esteban Echeverría, busca construir un barrio nuevo, desde el  barrio bajo donde la educación sea punta de lanza para la siguiente generación.

Las chicas de quince años, se aliñan los fines de semana para pasear por el pueblo. La plaza dominguera, llena de albañiles echan cerveza, mientras piropean a las féminas, que con disimulo les coquetean. Su esperanza es irse con uno de esos muchachos de ladrillo y mezcla para reeditar la vida que viven en casa. Esa historia de barrios, dibuja lo que alimentará a un más a esta generación del fracaso que a mansalva sigue hiriendo la tierra que les da cobijo.

La una de la madrugada, las cervecerías de las calle de Colón, Leandro Valle y Bravo, permanecen abiertas. Como en el viejo Estambul, la puerta está entreabierta, la vigila un “cinturita”. Los parroquianos dormitan, otros beben al compás de las notas que escapan de la rocola, algunos acarician a los “chorreadas” y así transcurre la noche; mientras, las del barrio bajo buscan consuelo y algunas monedas a cambio de prestar sus carnes flácidas para que el otro saque su rencor.

¿Cuánto me cobras por un cuartito de hora? Escribe Javier Marías en una de sus novelas. Esa pregunta la repite Lino, aquel encargado de una procesadora de laminas de maíz, conocidas por el populus como tortillas. Entonces la fichera, cuarentona, ya gastada, con las huellas de sus mil batallas en el rostro, contesta. En un cuartito de hora, ni los calzones no alcanzamos a quitar.

Es el barrio bajo, desde dónde los políticos de a de veras tienen que construir el barrio nuevo; y para eso, no hay en el horizonte de Texcoco en el inminente 2015, ninguno.

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